JUAN ANTONIO GUIRADO: VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA Laura Revuelta 4. Es

EL HOMBRE Y EL MUNDO

Antes de llegar a este momento sublime para él, debemos detenernos, aunque solo sea unas líneas, en los trabajos más académicos de Juan Antonio Guirado. Algunos son claros ejercicios de aprendizaje o de hacer mano, como se suele significar en los momentos iniciales de todo pintor. Arquitecturas y paisajes de España. Otros parecen escenas de un costumbrismo evidente muy a la española también. En cualquier caso, escenas de un realismo más o menos primitivo y oriundo, nada excesivamente especial pero en los artistas nunca se debe desdeñar ni un detalle por lejano o dispar que parezca. Los detalles explican tantas cosas como los psicoanálisis. Ese realismo nunca le abandonará. De hecho, emergerá entre sus características manchas de color y de abstracción.

De lo más sencillo emerge lo más complejo. Como apunta Brendan Prendeville en su ensayo “El realismo en la pintura del siglo XX”: “Es legítimo dudar que la palabra realismo posea un significado coherente, dada la diversidad de usos y contextos de que ha gozado y al referirse a obras muy dispares. Como todas las palabras sujetas a una larga tradición, su significado es tan complejo como la misma historia. El realismo carece de un significado único; es más podemos admitir incluso que su significado es conflictivo o contradictorio, que hay más de una tradición en juego”9. Juan Antonio Guirado, pasados los años de enseñanzas y aprendizajes, se la juega con el realismo de una manera muy surrealista.

En sus obras emergen sombras de la tradición española, rostros anónimos y autorretratos velados, visitas inesperadas de la muerte, ejércitos de ánimas, de los claroscuros, de los sueños y de las pesadillas. Ignoro si Juan Antonio Guirado en sus viajes de juventud a París estudió a los maestros del surrealismo. Pero, no cabe duda, de que, consciente o inconscientemente arraigaron en su manera de ver el mundo y la pintura. Luego vendrán a fuerza de esa búsqueda en la meditación, en el inconsciente (que no la inconsciencia), en reencontrarse consigo mismo y con la paz interior tan anhelada. Como apunta Maurice Nadeau: “El movimiento surrealista fue entendido por sus fundadores como un medio de conocimiento, de descubrimientos de continentes que no habían sido aún explorados sistemáticamente: el inconsciente, lo maravilloso, el sueño, la locura, los estados alucinatorios; en pocas palabras, el otro lado del decorado de la lógica. La meta final seguía siendo la reconciliación de dos mundos hasta entonces opuestos: el hombre y el mundo”10. Que André Breton fue un estúpido egocéntrico redomado no quita para que pusiera los cimientos de esto que ha traducido Nadeau sin ínfulas demagógicas o personalistas. Al cabo, los personajes mataron a las personalidades y así se finiquitó este movimiento tan sugerente para la pintura y el arte del siglo XX. Uno y solo uno es el concepto fundamental: “la reconciliación del hombre y el mundo”. 


Al surrealismo hay que despojarle de todo síntoma de frivolidad. De esa frase, no por repetida menos epatante, del “paraguas junto a la mesa de disección”11, acuñada por Lautréamont. Juan Antonio Guirado no se fija en estas naderías de ególatras sino que va al fondo, a lo perdurable, a lo que se araña en los resquicios del sueño y del paisaje que, ya he dicho más de una vez, reposa detrás de la batalla. Por eso, Guirado puede que imite o se inspire más en el manto que se desprende de la pintura de Dalí que en los manifiestos de unos y otros. Fíjense que Dalí fue expulsado de la secta surrealista por el sacerdote-dictador Breton. Y encontró su personalidad en el éxito fulgurante. Pero no es esto lo que apreciamos en Juan Antonio Guirado del maestro de Figueras. De hecho, si te detienes delante de muchos de los cuadros de un Guirado ya metido en la madurez del intrarrealismo, emerge esa pátina de detalles diminutos, pero no intrascendentes. En este caso, Dalí no hace otra cosa que imitar a los pintores primitivos con tanto detalle incongruente. Antes de Dalí estuvo el Bosco y toda la pintura flamenca. Como veremos líneas más adelante, será El Bosco una de las cuerdas de enganche y uno de los motores de arranque del “Esencialismo” al que se sumó en los años setenta por vía de una exposición fundacional en Malta. Paisajes dentro del paisaje. Juan Antonio Guirado no practica ese detalle minucioso, preciosista, con premeditación de copista. Como Goya o l

os maestros del impresionismo y luego del expresionismo, en una pincelada deja caer todos estos significados, y mayores aún. Emerge detrás de la materia una corte de minucias inquietantes. Me temo que en Guirado el surrealismo no es algo estudiado ni siquiera impostado. Sale a bote pronto como otras muchas vivencias que lleva en la mochila y que terminan asociándose en ese viaje iniciático que arranca en Australia.


En los desiertos de Australia, se proyectan espejismos. Sus cuadros son un territorio real donde habrán de reproducirse o manifestarse. Luego, el movimiento esencialista le acompañará con sus propuestas parejas. Pero antes, si seguimos un discurso cronológico, llega a su vida otro “ismo”: el Intrarrealismo.  

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