Visionarios en Paralelo - Laura Revuelta editor abc CultureES


“Fueron muchos cuadros los que se vendieron, dejando la exposición en definitiva un regusto amable por lo esperanzador que resulta para espectadores y artista esta especial clase de victoria. Se observa en este exposición de Canning House una agradable forma de diálogo, dando como resultado el señalamiento de otros encuentros análogos para un futuro inmediato. Juan Antonio Guirado tiene programadas varias exposiciones. La primera en París, en abril. Después siguen Ginebra y Nueva York. 1978 es un año prometedor para este pintor de Jaén que un día saltaría a Australia para recorrer, luego, un largo camino, no siempre sembrado de rosas, como todos los caminos. Por lo demás, también Londres es una fiesta”.

Manuel Quintanilla remata así el extenso texto que escribe sobre la obra de Guirado en su exposición en Canning House. En estas apenas veinte líneas aquí recogidas parece que se resume la carrera de éxito de Juan Antonio Guirado, en la que se suceden una cita internacional tras otra. No podemos negar que la trayectoria de este artista que parte de la humildad se consagra casi desde sus inicios. Pero los comienzos no son fáciles, de Jaén donde estudia en la Escuela de Artes y oficios a Sevilla, donde pasa por la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y toma lecciones del maestro del retrato Romero Rosendi. Después, una década en Madrid, donde colabora como aprendiz del muralista Joaquín Segarra. Luego, trabajará de muralista en Estados Unidos. Pasa por Europa para tomar nota de los clásicos entre visita y visita. Hace las maletas y marcha a Australia, donde para poder pintar tiene que aplicarse primero en otros oficios, como limpiar oficinas. Todo lo que vendrá más adelante tiene que ver con la pintura y solo la pintura, con la naturaleza y solo la naturaleza.


Juan Antonio Guirado es un artista que se marcha de España y se queda en los márgenes de lo que ha sido el arte español en las décadas finales del siglo XX. Los márgenes suelen estar muy transitados por el olvido, y por eso, resulta un espacio más que sugerente para el recuerdo y los redescubrimientos. De los márgenes, la memoria ha rescatado artistas y escritores, cuyo posicionamiento hoy nadie cuestiona. Juan Antonio Guirado se marcha de España en una suerte de viaje iniciático como otros tantos artistas que hacen su camino y carrera allende nuestra fronteras que durante largas décadas tiene unos límites muy precisos y constreñidos; asfixiantes, dirían muchos. Y no hablo solo de política. Él lo cuenta así en alguna entrevistas:

“Mis trabajos mientras estaba en España eran tradicionales, pero yo he tenido que llegar a Australia para descubrir un nuevo estilo. La influencia de Australia es muy fuerte en todo mi trabajo”.

José Antonio Guirado nace en un pueblo de la provincia de Jaén en al año 1932. Será un niño de la Guerra Civil y de la postguerra en una región humilde como pocas de la geografía española. Resulta importante remarcar este detalle, porque supurará en su obra como una herida pese a que busque curarla con los bálsamos de aquellas filosofías orientales que bucean en la meditación y la calma natural. Se cría en Córdoba. Estudia en todas estas ciudades sobre el oficio de la pintura y en Madrid, y viaja a Italia y a París para hacer lo que hacen todos los aprendices de artistas: confrontar su imaginación y sus modos con los clásicos.



Como explica el propio Guirado, “En Australia hay una suerte de espiritualidad, muchas cosas con alma que tienen que ver con la Tierra, con la gente”. Ya hemos entrado de pleno en el universo cósmico o cosmológico de Juan Antonio Guirado. Dos son sus ejes, aunque para ello tenga que cruzar medio mundo tanto en la distancia física como en la intelectual y emocional: la Naturaleza en su más amplia acepción y la pintura en su más radical reivindicación. Pero falta una tercera clave para identificar su obra: el ser humano y sus conflictos que él vive en primera persona, ajeno a la insensibilidad del mundo contemporáneo y sus protagonistas. Los dignatarios del caos mundial. Hay, y no se puede eludir, como veremos, un acento reivindicativo en la trayectoria de Guirado. En este detalle, no se sale del guión que comparte con otros muchos artistas españoles de aquellos años. Pongamos, entre otros los que conforman esta colección dela Fundación Cesareo Rodríguez Aguilera: Manuel Ángeles Ortiz, Antonio Saura, Josep M. Subirachs, Guinovart, Saura,Tàpies, Miró, Joan Ponç. Eugenio D'Ors, Gabriel Celaya y el Equipo Crónica, entre otros. Todos ellos buscadores de nuevas formas de expresividad pictórica y de discursos implicados con la realidad, con los duros años que les toca vivir en España.


Pintar cuadros es lo que hizo Juan Antonio Guirado desde el día que decide hacerse honestamente un artista. Antes había pasado por lo de ser torero, en una anécdota biográfica que tiene su aquel viniendo de quien viene y porque él mismo pintaría cuadros taurinos con un deje muy popular y, aparentemente, muy alejados de sus trabajos más significativos. Al final, pintó cuadros –mucho cuadros porque fue prolífico- necesarios y vivos, que los pudieron comprender y sentir muchas personas. Su carrera está plagada de éxitos, de exposiciones aquí y de confrontaciones con sus contemporáneos.

Guirado presented to the Cesario Rodriguez- Aguilera foundation

Cuando Juan Antonio Guirado marcha a Australia están a punto de echar a andar los años sesenta. Décadas habrán de venir plagadas de enseñas y movimientos alternativos. No diré vanguardias porque estas tienen un encaje muy determinado en los prolegómenos del siglo XX. Del pop al expresionismo abstracto. Guirado, como hombre con mundo a sus espaldas, podría haber puesto sus intereses en alguno de ellos. Haber enraizado la respuesta a su pulsión en los dictados más a la moda del momento, pero no. Hay tentaciones e influencias, como veremos en algunas de sus series, pero, al final, todo ello es fagocitado por causas mayores. Las que un artista reivindica en su individualidad. Lo mismo que no hay dos hojas iguales en la Naturaleza, no hay dos artistas iguales. El cruce de miradas que propone esta exposición juega con estos parámetros.


El hombre y el mundo, y así lo deja subrayado una y otra vez Guirado. La clave que lleva manejando un tiempo en su obra y que le ata al movimiento Intrarrealista en primera instancia, que nace en España pero que cruza y baña todo el Mediterráneo bajo la premisa de una libertad absoluta de acción entre quienes se sienten atraídos por su principios y ambiciones intelectuales. El Intrarealismo no es como el surrealismo, que expulsa a los díscolos, a quienes no rinden culto al padre. Ha pasado casi una década de la marcha a Australia de Guirado y de su periplo internacional, cuando en el Palazzo Strozzi de Florencia se celebra la primera exposición sobre este movimiento (1967).

“En la historia del arte de nuestro tiempo hay momentos en los que se siente la necesidad de expresar algo nuevo o de decirlo de manera distinta –escribe el propio Cesáreo Rodríguez Aguilera en el catálogo de la citada muestra inaugural- Existe el sentimiento de inquietud, de deseo, pero falta la cristalización en formas expresivas concretas. El artista creador es el encargado de dar los primeros pasos a través del nuevo camino, que, al mismo tiempo, o poco más tarde, el índice del crítico o del intelectual bautizará con el nombre o la denominación que habrá de adquirir carácter y permanencia. Si esto ocurrió con el impresionismo, con el fauvismo, con el cubismo, con el surrealismo, con tantos otros movimientos significativos, proceso análogo debía sufrir el Intrarealismo. Que el nuevo movimiento haya tenido sus primeros balbuceos en España, que un importante grupo de artistas y un importante sector de críticos, poetas, escritores e intelectuales, se hayan sentido identificados con los propósitos del nuevo movimiento nada tiene de extraño, conociendo estos propósitos y la realidad actual e histórica de España” (7). Prosigue el texto aportando nombres y llevando a primer término la figura de Salvador de Madariaga, de cuyos escritos emerge la nominación intrarealista.

Una vez más duele España, ¿y van?

A Guirado le duele y aunque en Australia surge toda esa esencia cuasi panteísta de sus pinturas, esa espiritualidad nueva y pura como destellos de luz que se aprecian perfectamente en las subidas de colores y en el manejo de materia, España está al fondo y su tradición más negra se cuela a través del telón barroco. ¡Cuánto de barroco tiene también la pintura de Guirado! Lo veremos. Ánimas, calaveras, campos desolados, territorios inhóspitos, el fulgor luminoso australiano se transforma en tierras baldías, arrasadas por el fuego de un mal congénito en nuestra Historia y en la del hombre en general. Como escribe en este texto Rodríguez Aguilera: “acogiéndonos a una cita de García Lorca, nadie cree ya en esa tontería del arte puro, del arte por el arte, ya que en este momento dramático del mundo el artista tiene que reír y llorar con su pueblo”(8).

Guirado nunca entendió el arte como algo puro e introspectivo. Sus constantes inquietudes le llevan y le inscriben, sin necesidad de firmar acta alguna, en este movimiento tan español y tan regeneracionista pero que tiene encaje en todas partes.

Hemos entrado en el territorio del Intrarealismo por los que transita Juan Antonio Guirado en buena parte de su producción. La más amplia de todas; la que mejor representa cada una de las inquietudes que vamos esbozando en este estudio, desde las puramente pictóricas a las ideológicas, filosóficas-existenciales, reivindicativas y políticas. En su caso el intrarealismo no será unívoco sino que derivará por distintas vías. Desde lo abstracto a un trazo figurativo camuflado entre formas evidentes o sucintas; de los paisajes a las naturalezas muertas; de los collages a los retratos velados.


Tantos rasgos ancestrales que, curiosamente, configuran a Juan Antonio Guirado como un artista muy contemporáneo. Va de lo modernidad del siglo XX a lo contemporáneo. Abarca todo este siglo. Un artista cuya mirada ahora que vivimos tiempos de crisis, de emergencias, parece tan actual como lo fue en su momento. Y se cruza con la de de otros creadores como los que configuran esta muestra y forman parte de la renovación de la pintura del siglo XX.

Manuel Ángeles Ortiz y sus paisajes de pura tierra. Antonio Saura y su deformación de la forma como respuesta a la vida y el arte. Picasso y Miró como maestros de ceremonias en el comienzo de esta historia.

Joan Ponç en su fulgor surreal de paisajes oníricos. El matérico Subirachs. La pulsión dramática y barroca de Guinovart. La ironía colorista y crítica del Equipo Crónica. La expresividad seca de Tharrats. Las sutilezas en el trazo y en la forma de Gabriel Celaya y Eugenio d'Ors. La negra materia de Amalia Riera. El siempre admirado Tàpies, cuyas palabras subraya una y otra vez Juan Antonio Guirado en sus libros de cabecera: “La misión de los artistas o poetas es promover la reflexión, suscitar y atraer la atención, dar a conocer, iluminar la realidad y, en suma, exaltar todo cuanto nos haga más libres y más perfectos como humanos”. Artistas en paralelo


29 views
  • Facebook Clean
  • Twitter Clean

copywrite Guirado Estate 2017